Un malestar creciente

21 Septiembre, 2020
1:24 pm

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La desigualdad y la injusticia son una grave amenaza a paz, la seguridad jurídica y ciudadana

Los desfases y disfunciones de la crisis constitucional que vivimos desde 1968 -hace más de medio siglo-, no cesan de agravar la situación socio económica de nuestra población. El malestar creciente que se siente tarda cada vez menos en estallar.

Si tomamos en cuenta las enseñanzas de Ferdinand La Salle, cuando afirma que “los problemas de Derecho Constitucional, no son problemas de orden jurídico, son problemas de poder”, nos percatamos de inmediato que toda la estructura constitucional del ente jurídico llamado Panamá, luego del golpe de estado ha ido desmoronándose, degenerándose y deformándose, a tal grado que las atribuciones, funciones y procedimientos de actuación de sus Órganos y ramificaciones, hacen gala de una inigualable ineficacia e ineficiencia a tal punto, que la pusilanimidad de sus regentes, no logra ser opacada en el mar de desesperanza e inconformidad de los decepcionados integrantes del conglomerado humano.

Hoy por hoy, el malestar no cesa de crecer por todas las esquinas. El cotidiano pisoteo a la dignidad humana es cada día más resentido, al tiempo que la desigualdad y la injusticia son una grave amenaza a paz, la seguridad jurídica y ciudadana. Me resulta obligante reiterar que: “El debido proceso, el respeto a las garantías fundamentales y a los Derechos Humanos han sido excluidos de la vida nacional. El país político vive un carnaval permanente de farsa en farsa, mientras construye el escenario para la tragedia que les sirva de pretexto para permanecer en el poder, monopolizando todo, destruyendo cualquier vestigio de institucionalidad y reforzando la camisa de fuerza que les permita mantener el control absoluto del poder”

No han querido, ni quieren tampoco, los controladores del poder político, entender, la urgencia de sentar cuánto antes las bases para construir un Estado Constitucional democrático de Derecho y que, este solo se logra, “se entiende y se vive a partir del poder constituyente del pueblo”.

La permanente negativa de los nuevos cleptómanos, a democratizar el poder y,  su empecinado sectarismo a favor de la plutocrática oligocracia, los lleva -cada vez más- a entregarse de pies y manos a las más variopintas  organizaciones criminales. Los cientos de homicidios reportado bajo este gobierno,  nos muestran el alto grado de penetración con el que se desenvuelven en las más altas esferas del poder, los propietarios y socios de la empresa criminal conjunta que nos gobierna.

Los escenarios vividos por Colombia, Guatemala, México, que hoy forman parte de nuestro cotidiano, nos recuerdan y confirman que, bajo este Gobierno CoCa, hemos iniciado “un futuro idéntico al pasado inmediato”. Sin gobernabilidad, sin credibilidad, sin confianza, nada de lo que hagan traerá resultados positivos a la ciudadanía.

Los cantos de sirenas electorales que salen de las cuevas de la partidocracia y de sus  cúpulas, ya empezaron a envenenar a los nuevos trepadores de la politiquería que, sin conocer ni querer las libertades ciudadanas, solo aspiran a disfrutar los privilegios que emanan de la administración del erario. La Constituyente es el camino por más que busquen desviar ese destino.

Catedrático universitario


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