UNA LUZ MUY OPACA EN EL HORIZONTE.

Ramiro Guerra. Jurista y cientista político.
15 Octubre, 2020
12:00 am

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Por Ramiro Guerra. Jurista y cientista político.

Ramiro Guerra. Jurista y cientista político.

 

¿Cómo me siento con la situación que vivimos?

No se trata sólo de un tema grave de salud sino de una pandemia social. No pierdo el optimismo; no hay espacio para fatigas ni pesimismos.

El porque de lo anterior?

Hace algunos días, se dieron a conocer cifras de los corregimientos más pobres, algunos rayando en extrema pobreza; igual el galopante desempleo e informalidad;

La misma situación para miles de profesionales agobiados por deudas que no se pueden pagar, por la falta de ingresos. Ayer, una licda. en enfermería le decía a mi señora que una de las especialidades cuya demanda se ha disparado es la de los servicios de psiquiatría. Entendible tal fenómeno.

Sobre muchas familias se cierne, como espada de Damocles, la eventualidad de perder bienes y casas. Para reconclavar, mas de 200 mil pensionados y jubilados, ven el futuro incierto. Lo más angustioso de todo este drama social intenso, muchos discursos pero no se nos dice cómo vamos a salir de este atolladero dantesco.

Tengo rato de estar preguntando el cómo vamos a salir de esta realidad cruel, inhumana y trágica. La situación descrita se agrava y agravará. El Ministerio de Educación ha hecho un esfuerzo por «capear el temporal» de la suspensión de clases pero, a mi entender, el retroceso ha sido grande.

No veo la existencia de una estrategia nacional de desarrollo sostenible y si existe, deben darla a conocer. Estar en un mar picado y no ver puerto donde llegar seguro, así se siente el pueblo panameño.

La luz en el horizonte se ve muy opaca. Mientras la tragedia galopa en ella la miasma de la corrupción y falta de transparencia, hace estragos y golpea los sentimientos nobles de los panameños. El clientelismo, la política de dádivas y el asistencialismo, más que solucionar angustias, las agravan.

No hay brújula y caminamos a tientas con todo tipo de improvisaciones. Lo importante, no desmayar y menos perder la esperanza de un nuevo amanecer.


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